No me creo nada #10N

No me creo las encuestas. No me creo a los partidos. No me creo a los candidatos. No me creo el escenario político. No me creo lo que escucho, oigo o leo.

Y no me creo nada, no porque el clima de la calle esté lleno de hartazgo o porque mi ciudad viva un día de campaña como un día normal, sin publicidad electoral, sin carteles en las marquesinas, sin ese ambiente de escaparate permanente que se crea, para recordarme que tengo que ir a votar.

No me creo nada, porque cada día me levanto, pensando cómo hacer que mi empresa genere un € más que el día anterior. Cómo conseguir el próximo contrato mientras doy servicio y atiendo a los que creyeron en mí. Y no me lo creo, porque mi día a día está en ver, cómo respondo a mis obligaciones empresariales, seguridad social, pagos e impuestos y hago encaje de bolillos para cumplir.

No me creo nada, porque al llegar a casa, después de 12 o 14 horas trabajando, mirando cómo me fue el día, veo que mi alrededor no está mejor. Que mi familia se enfrenta a nuevos retos que las encuestan no identifican, los partidos no venden, los candidatos no piensan y el gobierno no resuelve. Que mi amigo, no tiene en la cuenta dinero, no porque no trabaje, sino porque el sistema no perdona lo errores del pasado y un día va a su banco y lo tiene todo embargado, después de 10 años y habiendo remontado.

No me creo nada, porque muchos autónomos aun van con miedo a hacer y sumar en A y siguen haciéndolo en B, porque todavía no salieron airosos de la última crisis y ya nos están contando que viene otra, y aún está sin resolver como nos vamos a enfrentar a ella.

No me creo nada, absolutamente nada, porque hace tiempo aprendí que las cosas dependen de mí y mi entorno más cercano. Que mi responsabilidad como ciudadana es cumplir con mi deber y decidir (dentro de un sistema que necesita avanzar y transformarse como lo he hecho yo) qué quiero, cómo lo quiero y con quién lo quiero.

Así que después de este hartazgo que me invade siento mucho defraudar a aquellos que creen que lo mejor es que me quede en casa. Siento mucho no cumplir sus expectativas de abstención, porque si lo hago, me habré fallado a mí misma. Porque el derecho que tengo es precisamente el de poder decir alto y claro a las encuestas, a los políticos, a los candidatos y a los medios de comunicación que sigo apostando por mí. Por ello, al igual que no me los creo a ninguno de ellos, no me dejo llevar por el desaliento. Y les digo alto y claro nos vemos en las urnas el próximo domingo.

Ahí descubrirán el valor de un voto. El valor de una opinión. El valor de una ciudadana que a pesar de no creerse nada, sigue creyendo en la buena política.

No me creo nada. Solo creo en mí.

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