El poder del NO candidato

Las campañas, a veces, las ganan o pierden los candidatos inexistentes

Hablamos de ganar o perder emociones, no votos. Las vencen aquellos que no existen, candidatos no nombrados o elegidos cuando se da espacio a los miedos de los candidatos existentes. Las pierden, cuando el candidato vigente permanece en la ausencia de valores alineados con la sociedad, así como en la crítica desmedida, constante y añeja, modelando la decisión de voto hacia un interés que no es el alineado con el propósito de la campaña, del mensaje político y principalmente con el votante. Un ejemplo evidente, son Susana Díaz y Juanma Moreno, que aun siendo los más votados en las últimas elecciones de Andalucía, han perdido lo más importante, la credibilidad. La primera con la gran abstención de votantes, no movilizando a su propio electorado o cediendo el espacio de movilización de izquierda a derecha, el segundo, por no entender, que él y tu más, así como la mala copia, no la generan.

Existen tres tipos de candidatos con mayor poder que el nombrado en la cabeza de lista de una papeleta. Está aquel que NO postula y que lidera la emoción de la ciudadanía. Por ahí han pasado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y ahora Santiago Abascal. En segundo lugar, aquel que NO lidera, es decir, los miembros de un equipo que trasladan su poder de decisión sobre el propio candidato, a nadie se nos olvida la defenestración de Pedro Sánchez articulada por la cúpula del partido, y si hablamos de bases y de estructuras pequeñas, dónde el candidato se pone a la merced, de quien no tiene conocimiento y solo una pasión desmedida y mal gestionada de la creencia de lo que debería hacer el propio candidato y que se identifica fácilmente en municipios pequeños. En tercer lugar, aquel que NO se lidera dando palos de ciego, creyendo de forma desmedida, que el hecho de liderar una lista, bajo unas siglas, conlleva la oportunidad de saciar al propio ego y como consecuencia ganar.

El candidato que no se conoce a sí mismo y que desconoce al pueblo que quiere gobernar, pierde la credibilidad y como consecuencia la confianza y el afecto del votante. Conocerse despierta el interés de los demás.

La seguridad, la confianza y la autoestima en uno mismo, bien gestionados, genera los mismos sentimientos en el votante, al contrario, genera desconfianza, desafecto y soberbia, cualidades de las que huye cualquier votante.  Por ello, es necesario descubrir la esencia personal de nuestro político. Posicionar a nuestro candidato frente al nuevo contexto social-político y que sepa responder ante determinadas situaciones dando lo mejor de sí mismo, sin embargo, la gran presión que conlleva hacerlo, les impide estar presentes, desplegar todos los recursos interiores, sus capacidades, valores y su verdadera personalidad.

Todas las personas, en un momento u otro, nos sentimos rechazados, abandonados, humillados, traicionados o con una sensación de injusticia, y en política, todas ellas, se acentúan más, ofreciendo ante estos sentimientos reacciones huidizas, dependientes, masoquistas, controladoras o de rigidez frente a aquello que no se sabe gestionar. Trabajar el ego, conociendo cómo se activan esas respuestas, ante situaciones concretas, para eliminar dichos sentimientos que, sin duda alguna, repercuten en el día a día del ejercicio público de un candidato, es clave en cualquier campaña y para cualquier político.

En los tres escenarios el único protagonista es el propio candidato y el autoconocimiento frena la posibilidad de la presencia del NO candidato. La credibilidad en uno mismo es la oportunidad de ejercer el poder del propio candidato en todos los contextos, no entenderlo, conlleva a que Susana Díaz achaque su debilidad al partido y a las decisiones nacionales. Juanma Moreno no la reconoce, se deja llevar por la emoción y posibilidad de ser el primero de su partido, en llegar a San Telmo. Juan Marín ha convertido su mayor debilidad, ser el tercero, en su fortaleza. Teresa Rodríguez todavía no ha entendido que el tsunami vivido el 2 de diciembre es el mismo que se vivió el 25 de mayo de 2014 en las elecciones al parlamento europeo, sin embargo, el péndulo va en diferente dirección. Y, por último, Francisco Serrano el gran vencedor y desconocido por la mayoría de españoles, que no de los andaluces, al ser el candidato que nadie quiere y que todo el mundo necesita (aun con la abstención) para gobernar y que sin estar incluso en el debate, arrasó en la mente de 396.000 andaluces.

El poder no es sinónimo de “más”, sino de “posibilidad”. Por ello, al trabajar con un candidato en su autoconocimiento, necesitamos descubrir y aprender a darle las herramientas que le ayuden a ofrecer esa credibilidad tan demandada por la ciudadania. Y esto, no es fácil aunque tampoco es imposible ¿Cómo lo hacemos? La seguridad en uno mismo no puede ser impostada, ni mantenida en el tiempo, por lo tanto, es necesario desarrollar el buen uso de su cuerpo y mente, haciendo que su lenguaje no verbal, sus gestos, movimientos y posturas, influyan en cómo los demás le vean, según la percepción que tiene de sí mismo, lo que le ayudará a estar preparado para afrontar cualquier estrategia de campaña. Las incoherencias en campaña se pagan, un chaleco estilo latinoamericano, una cena en McDonald o la ausencia de realidad son algunos ejemplos, de falta de autoconocimiento. Para un candidato, saber decir NO, también es una forma de liderarse a uno mismo.

El poder del NO candidato, en definitiva, es no conocerse y dejarse llevar. Es la ausencia de responsabilidad de uno mismo ante el propósito de gobernar a otros. Es luchar contra fantasmas inexistentes mientras no comprendamos que el cerebro nos engaña, ya que las emociones juegan un papel importantísimo en la conducta del candidato y también en sus funciones cognitivas. Para ello, es clave convertir el poder del No candidato, en el Poder de uno mismo.

Foto Santiago Abascal by Moeh Atitar
Foto Candidatos by Julio Muñoz

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